Historia con un café: Cuando la vida te obliga a sacar lo mejor de ti

Historia con un café: Cuando la vida te obliga a sacar lo mejor de ti

Dos meses. Hoy se cumplen dos meses del paso del huracán María por Puerto Rico. Sin duda, uno de los eventos atmosféricos más impactantes y devastadores en los últimos cien años de historia de mi Isla.

Un huracán que entró a Puerto Rico categoría 4 y arrasó con todo: viviendas y comercios sin techo, inundados o derrumbados; nuestra hermosa flora quedó al desnudo, observas las montañas y puedes ver que detrás de todos esos hermosos árboles, vivía gente; puentes derrumbados ocasionaron que comunidades enteras quedaran atrapadas; gran cantidad de postes y tendido eléctrico en el suelo, dejando a un país entero sin servicio de electricidad. Simplemente… ¡Impresionante!

En lo personal, pasé por una situación que jamás imaginé vivir. Si me lo permites, hoy, a dos meses del paso del huracán María, y con café en mano, quiero compartir mi historia y sus lecciones contigo…

Hace casi 6 años mi papá sufrió un derrame cerebral. Ese suceso lo dejó postrado en una cama, con la mitad de su cuerpo inmóvil, alimentado a través de una máquina conectada a su estómago, y recibe oxígeno por un tubo conectado a su traqueo, gracias a otra máquina. Sí, mi papá necesita el servicio de electricidad 24/7 para continuar con vida, literalmente. Ya se imaginarán cuál fue mi mayor reto estos dos últimos meses.

Unas horas antes del paso del huracán, nos llaman del centro donde vivía papi, y nos dicen que necesitaban desalojar el lugar. Iban a pasar a los pacientes a un refugio y estaban haciendo un llamado para que un familiar estuviera con ellos durante el huracán.

Yo jamás había pasado un huracán en un refugio. No sabía ni qué empacar en mi mochila.

Llegué al centro, le expliqué a papi lo que estaba sucediendo y montamos conversación mientras esperábamos la ambulancia. Llegan los paramédicos a su habitación… ¡Y nos fuimos! Era de noche y ya estaba lloviendo. Hasta ese momento, jamás había visto una noche tan oscura.  

Esas semanas post María pasé por los mayores retos físicos y emocionales jamás vividos por esta servidora. Durante una conversación con el dueño del centro me dice: “Marysel, nos queda diésel para 24 horas”. ¿Qué? Sin diesel, no hay planta, sin planta, papi se queda sin su máquina de oxígeno. 😞 Ya te imaginarás cómo me dejó esa noticia.

Al rato me indican que lograron conseguir una ambulancia y podía llevarnos al hospital. Pues, a recoger motetes y pa’ la ambulancia. Llegamos al hospital y allí, lamentablemente, fuimos rechazados por falta de espacio. Esa era nuestra única opción ya que, debido a la cantidad de escombros en el camino, no había paso para llegar a otro hospital. Estábamos atrapados.

Debo admitir que en ese momento me desplomé, emocionalmente hablando. Sentí que mi papá se me moría en los brazos y yo, sin poder hacer algo al respecto.

Allí estábamos, mi papá, los tres paramédicos, y la directora del hospital. Ella nos llevó a una esquina, lejos de papi, y nos explicó, con su corazón en la mano, por qué no podía recibirlo. Intentando justificar su decisión y que la entendiéramos, nos mostró las condiciones en las que había quedado el hospital: agua en el suelo, plafones del techo amenazando con caerse en cualquier momento… A pesar de que me derrumbó aún más el ver todo aquel escenario del único hospital de mi pueblo, con mucho dolor, entendí su decisión.

Nuestros viejitos podrán tener una edad considerable, pero no son tontos y merecen nuestro respeto. Es importante mantenerlos informados, y con mayor razón en una situación de emergencia. Así que, luego de sacar toda esa presión que venía guardando desde hace varios días, me sequé las lágrimas, respiré hondo, me calmé, y fui donde papi a explicarle que volvíamos al refugio para verificar otras opciones.

Mientras íbamos en la ambulancia, yo observaba a través de las ventanas traseras cómo había quedado el pueblito en el que crecí. Luego observaba a papi tumbado en esa camilla, tan indefenso y vulnerable, conectado a un tanque de oxígeno portátil, tan dependiente de lo que pudiera hacer “la Prieta”, como siempre me ha llamado, para que mejorara nuestra situación. Mi mente no dejaba de dar vueltas, mi corazón se me encogía y el pecho se me apretaba ante lo que podía pasar si no conseguíamos un lugar seguro para papi.

Los pocos empleados del centro que quedaban en el refugio se sorprendieron al vernos llegar. “¿Cómo es posible que un hospital te niegue la entrada?”, me decían. Sí, eso era parte del nuevo Puerto Rico, el que había dejado María. Gracias a Dios, para cuando regresamos al refugio, ya habían conseguido diésel y pudimos ubicarnos en una esquina de uno de los salones. Mi alma regresó a mi cuerpo, y por un tiempo pudimos vivir “tranquilos”.

Luego de unos días, ya había paso en la autopista. Por fin había camino para llegar a otro hospital. Llegó la ambulancia… ¡Al fin un doctor vería a papi y estaría en un lugar seguro! Llegamos al hospital y en un rato un doctor atendió a papi. Le recetó antibióticos por una celulitis que le encontró en la gastro, y le pusieron su primera dosis por vena. Sin embargo, esa paz duró muy poco.

Cuando le pregunto a una enfermera por la segunda dosis de antibióticos de papi, me informa que como sus análisis de sangre habían salido bien, el tratamiento podía continuar por “boca”. Lo que quería decir que papi estaba dado de alta. El detalle era que él no tenía un centro a dónde ir.  María había destrozado el sitio donde él vivía, y en casa no había los recursos para tener planta eléctrica 24/7.  

Allí estábamos… Nuevamente en un hospital, en esta ocasión, con necesidad de antibióticos, y sin poder recibir los servicios que papi necesitaba para poder atacar esa infección. Ahora, porque “él ya había sido dado de alta”.

Luego de suplicar y suplicar, logré que le dieran otra dosis de antibiótico, pero ahí terminó su tratamiento. No iban a ofrecernos más servicios.

Tenía conmigo todos sus documentos, incluyendo su plan médico, ¿por qué me niegan el servicio? Jamás lo entendí; hoy, continúo sin entenderlo.

En aquel momento, desesperada buscando opciones de qué podía hacer, fui a “Admisiones”, e intenté que volvieran a admitirlo. Pero, luego de llenar y firmar los documentos, me indicaron que esa admisión “no procede, porque él no ha salido del hospital”.

“¿Qué me estás diciendo?”, pensé. No lo podía creer. ¿Tienes una persona que necesita atención médica, diagnosticada por uno de tus médicos, y no lo admites porque lo dieron de alta y él “no ha salido del hospital”? Para colmo, una persona encamada dependiente de una máquina de oxígeno, que no tiene forma de montarse en el carro, y regresar al día siguiente. Así fue. ¡Horrible!

Papi pasó varias semanas acostado en una estrecha camilla. Siempre, a merced del corazón de la enfermera o enfermero de turno porque, papi estaba allí, según sus archivos, “refugiado por el oxígeno”; no porque necesitara de sus servicios de salud.

Sentí mucha impotencia. Sin embargo, gracias le doy a Dios que nunca se nos negó el acceso al oxígeno. Lo que le permitió a papi, al menos, poder respirar bien.

Un día recibimos la visita de la trabajadora social del hospital: “Es necesario que encuentren un nuevo centro para Ramón.”, nos dijo. Nuevamente, no podía creer lo que estaba oyendo… “¿Qué? ¿En dónde van a aceptar a una persona que depende de una máquina de oxígeno 24/7, una máquina de comida y con la cantidad de atenciones que requiere papi, tal como está Puerto Rico ahora mismo?”, pensé yo; y me llevé las manos a la cabeza.

Fue una verdadera misión. Fueron varias semanas de dar muchas vueltas, de hablar con muchas personas. No había internet, por lo que no podía buscar “centros de envejecientes Puerto Rico” en Google. La única opción era tirarnos a la calle, buscar y tocar puertas.

Mucha gente nos ayudó, otros nos quedaron mal. Pero, cuando activas el #TeamFamilia, al final, siempre cosas lindas pasan. ¡Lo logramos! El centro se consiguió.

A pesar de todo lo vivido, este evento me dio la oportunidad de llegar a partes de mi ser que nunca había tenido que llegar, de hecho, ni siquiera sabía que existían. Y estoy segura de que muchos de ustedes les pasó lo mismo.

Me atrevería a apostar que muchas personas y familias enteras descubrieron fortalezas que no habían sacado a la luz: pudieron ver lo fuertes que pueden ser cuando una situación lo amerita.

Gracias le doy a Dios porque, a pesar de que caí muchas veces en preocupaciones y ansiedad respecto a qué podía hacer para mantener a papi con vida, Dios nunca, nunca nos dejó sin protección. La pasé mal, sí… Pero, hoy día puedo decirte que papi vive en un nuevo Centro; con limitaciones, ¡claro!, porque gran parte de la Isla sigue sin servicio eléctrico, entre otras muchas facilidades. Sin embargo, logramos hacer las conexiones necesarias para que nuestra meta se cumpliera.

Continuamos con los retos, como toda la Isla. El Puerto Rico de hoy lunes, 20 de noviembre de 2017, a dos meses del paso del huracán María, no es ni una cuarta parte de lo que era antes de ese suceso. Todos en Puerto Rico, en diferentes medidas, hemos sido impactados con este evento; todos hemos tenido retos que enfrentar y cada cual tiene una historia de superación que compartir.

Observa tu historia, observa tu lucha, siéntete orgullosa, orgulloso de lo que has superado. ¿Qué mejor prueba que esa superación para darnos cuenta de lo fuerte que podemos llegar a ser? No te rindas. Que tu enfoque sea… I’m gonna make it, no matter what”.

Por eso hoy quiero hacerte una invitación, desde lo más profundo de mi corazón… Aprende de las lecciones, pero… ¡Quédate con lo bueno! ¡Quédate con la gente que demuestra tener un corazón grande! ¡Quédate con los actos que emanan bondad, humildad, unión, fuerza, empatía! Sigue adelante únicamente con lo que te saca una sonrisa y un… “¡Co#@, en Puerto Rico hay gente buena de verdad!”

¡Vive un día a la vez! Enfrenta los retos de cada día y trabájalos a medida que llegan. ¿Lo que pasó ayer? Ya pasó, no tenemos control sobre ello. ¿Qué voy a hacer mañana? No lo sabemos, aun no llega ese día. Dicen que la depresión es exceso de pasado, y que la ansiedad es exceso de futuro. Y no hay nada más cierto. Nada como vivir el hoy en balance. Por lo que mi invitación es a VIVIR EL HOY en positivo y rodeado o rodeada de gente fuerte, gente que se enfoque en lo lindo de las cosas. ¿Tienes que salir y enfrentar el tráfico de locos que estamos viviendo? Ve mentalizado, mentalizada, sal con tiempo, no discutas, cede el paso, sé justo, justa, y sonríe. Prende el radio, pon buena música y canta. La actitud hace una gran diferencia en nuestras vidas, y es una decisión, NUESTRA DECISIÓN. Recuerda… El dolor es inevitable, el sufrimiento es opcional. 😉

Dios, el Universo, la vida nos está permitiendo vivir unas situaciones que necesitábamos vivir. Detrás de todo hay un propósito. María nos ha dado una gran lección. Pero tenemos todo lo necesario para seguir adelante.

La familia es lo más hermoso que podemos tener en la vida. Y si tenemos la oportunidad de servirles y poder aportar para mejorar su calidad de vida, es una bendición que nos ponen en nuestras manos. ¿Sabes lo que significa que en tus manos tengas la oportunidad de hacer de la vida de alguien una mejor?

Antes de cerrar esta publicación quiero agradecer pública e infinitamente a mi mamá, un ser maravilloso quien nos ayuda incondicionalmente, no matter what. Quiero agradecer a mi hermana Maribel, quien en esta misión fue mi apoyo a la hora de cuidar a papi y buscar centro; a mi hermana Maritza quien también tuvo sus retos familiares y a pesar de ellos se trasnochó cuidando a papi; a mi super hermano quien, desde los Estados Unidos, nos apoya de una manera impresionante: las linternas, las baterías, los Chef Boyardee, el atún y el pollo enlatado, vinieron de perlas. Gracias al vecino quien nos tira el cable desde su planta, lo que nos permite tomar agua y leche fría, y recargar los celulares, e incluso la computadora desde la cual estoy escribiendo esta historia. Gracias a las enfermeras y enfermeros con vocación real, los que demostraron tener corazón, los que dieron la milla extra ayudándome a bañar a papi las veces que pudieron. Gracias a mi pareja de vida, el hombre más humilde que conozco, quien, a pesar de tener sus retos en su comunidad y familia, no se olvidó de la mía. Todavía recuerdo la emoción tan grande que sentí la primera vez que te vi, luego del paso de María. You are my safe place, babe!! Love you!!

Y gracias a ti, mi lector, lectora. Gracias por tu tiempo, gracias porque si llegaste hasta este párrafo, es porque te identificaste con mi situación e hiciste tuya mi historia. Que sé, en cierta medida, también es tu historia. ¡Gracias!

Amiga, amigo, el servicio es una oportunidad hermosa, que alguien con una necesidad nos brinda para ayudarle. Hagamos nuestro mayor esfuerzo por tener esa actitud que puede mejorarle el día. No sabemos qué pueda estar viviendo esa persona. ¡Servicio, entrega! ❤

A estas alturas, solo me falta decir una sola cosa: ¡Soy bendecida! ¡Somo bendecidos! Sigue adelante… No matter what. 😉